Editoriales

“Gracias por la Esperanza”

El juramento hipocrático, ese mantra que repite “Como miembro de la profesión médica: prometo solemnemente dedicar mi vida al servicio de la humanidad; ejercer mi profesión a conciencia, dignamente y conforme a la buena práctica médica; cuidar mi propia salud, bienestar y capacidades para prestar atención médica del más alto nivel”

Vaya si no se cumple a cada minuto desde que se presentó esta pandemia en el mundo.

Este juramento, obligatorio en la carrera de medicina, lo asume toda la comunidad de salud. Desde médicos y enfermeros/as a quien arregla las calderas,  pasa un lampazo, arma una cama, hace de comer, atiende el teléfono, maneja la camilla, cede el instrumento al terapista, conecta el suero, anota en una planilla, quien compra los insumos, hay quien recoge las bolsas con todos los hisopados, y la o el que llama al paciente para indicarle que está el resultado…. Quizás haya de quién me olvide, pero sin dudas también forma parte de ese perfecto engranaje, de ese equipo que bajo un sistema afirma la vida como principio de todo. De la existencia.

Como todo sistema insume energía para funcionar. Hablamos de Seres Humanos. Por lo que decimos que esa enrgía es la mental y la física. Energía Emocional. Otras más también, pero eso a la física cuántica.

Aca se habla de energía que se agota y no es que se renueva en un segundo. No no, lleva tiempo recuperarla. Tomarse vacaciones, gozar de un bienestar con la gente que les rodea. No recibir desde el afuera la ignorancia, o peor aún, la apatía.

Escuchar al principio de la pandemia, en marzo del 2020, que esto estaba organizado por vaya a saber que interés, a que la vacuna no sirve, que la infectadura, que marchas y contramarchas en el peor momento, ¡que abran todo!…. que no se les pague acordemente para al menos compensar el esfuerzo que están realizando para dar vida a la comunidad, en un momento tremendo de la historia de la humanidad.

No necesitan eso. Somos capaces de hacer cosas posibles para cambiar, con el consenso suficiente, ese bombardeo innecesario que agota energías, también.

Estas semanas  uno de los temas más urticantes fue la pelea mediática del #ParafernariaDelDebidoProceso para el pago ono de la coparticipación municipal. Pero no ingresó mucho en palabras de como los presupuestos serán acordes para al menos resarcir a la comunidad de la salud, agotada. De cómo se equipará necesariamente al sistema. No hay mucha palabra. Sólo de los y las trabajadoras que elevan notas que apenas reciben respuesta.

Pero tampoco está siendo de interpelación la falta de control de los protocolos tan mentado en todos los ámbitos. Como por ejemplo si en una Clínica se ven más de x cantidad de personas permitidas en un espacio, el COE debería multar o advertir. Para eso debe haber una clase política acorde a apoyar esa decisión…. Que además fue escrita por el mismo político que hace vista gorda.

Dice Bayer  “Estar en un hospital es como estar en el transatlántico de la utopía. Aquí se emplean horas y horas en emparchar viejos descolados, sanar heridas, cortar tumores, lograr que el condenado sea indultado con un «puede irse». ¡Qué profesión la de estos tripulantes; médicos, enfermeras y todo el personal que aquí está metido en este mundo del miedo pero de la espera! ¿Vale la pena curarle un ojo a un viejo que ya casi no habla? Sí, vale la pena.

En el medio la hermandad, aquella que aflora cuando la incertidumbre es grande pero sabés que al lado tenés un par, alguien que entiende que como vos, no pueden relajar ante esa intemperie, porque solos no se debe.

Para no olvidar los principios de esta nueva época naciente, es necesario reorganizarnos como comunidad para nuevamente dar aliento al personal de salud que ya está cansado en el trajinar de la pandemia y las pavadas que se escuchan a diario. Desde las diferentes organizaciones, sindicatos, iglesias, asociaciones deportivas, cooperativas, centros de estudiantes, radios, etc… De ahí lo que surja y hacer algo, ceder un par de horas, para brindarles algo: un aplauso, unas tortas fritas, una guitarreada con Mariachis, nombremos una plaza o una calle como “Gracias Esperanza” reemplazando, por ejemplo, a la calle Roca, nombre del mayor genocida de la historia… y así hasta donde dé la imaginación.

Escuchar las vivencias de compañeras y compañeros de salud, estremece los músculos de los brazos, y contenidas las ganas por esto de la distancia social, querés darles un abrazo profundo.

Gracias enorme!

A ustedes, a quienes están arriba de una canoa con un remogracias!

Por haber entendido que sin unidad en la tripulación no hay vida posible. Gracias

Por superar el miedo que cualquiera tiene ante este virus que no se ve y dedicarle un esfuerzo incalculable. Gracias

A ustedes por seguirla a pesar de que se les fueron compañeras y compañeros en el medio de la atención de pacientes. Gracias

A ustedes, el personal de salud  por enseñar que la comunidad, salva la comunidad. Cosa que ningún mercado lo va hacer. Gracias

Siento que se los debo decir, aunque sea eso. Decirlo.

Gracias

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