Editoriales

Prudencia imprudente

Existe una dificultad de encontrar voces, propuestas, grupos de personas que quieran llevar una  mejor organización social por fuera de las estructuras obsoletas que benefician mucho a unos pocos y casi nada otros muchos.

Esto que sigue va de búsqueda de equilibrios, consensos, políticas novedosas que busquen participación comunal, de resguardar lo comunal, grupos de personas que estén pensando en el interés colectivo  sobre el interés mezquino del propio grupo; pensando y activando una forma diferente de distribución del poder; una nueva forma de conducir una sociedad.

De estudiar, y gestar la participación ciudadana en las decisiones de gobierno que luego se traduce en avanzar formalmente en la democratización de la vida política local. Sin caudillismos incipientes.

No porque deba haber enfrentamientos, sino otros caminos que alienten esperanzas de cambio estructural. 

Hasta ahora existen susurros de personas que se quejan ocultas detrás de sus mieditos.

Susurran para ver si les toca un algo, pero por las dudas no decirlo muy fuerte para que no llegue a ofender. Que el grito ahogado por la prudencia sirva para recibir el llamado, para ver si puedo salvar mi situación. “¡A ver si me escucha el único que tiene la potestad de salvarme!”. 

Prudencia en decir algo, algo por las dudas el municipio me saque el contrato,  por las dudas no me den un contrato, por las dudas mi hijo o hija no pueda entrar, por las dudas no me den un terreno, por las dudas me saquen la pauta publicitaria de mi medio, por las dudas me amenacen, por las dudas no me den los elementos que solicité en la muni, por las dudas vengan a desarmar mi casilla porque me quejé alguna vez. 

No hay, sin embargo, peor miedo que ese sórdido miedito al miedo que provoca la cosa de disentir, de conversar. Miedito De escuchar.

Quienes han orbitado el ciclo militante de los partidos gobernantes ushuaienses arrancaron vociferando por algo razonable, luego vecinos se juntan alrededor de la necesidad y luego espero el llamado para negociar algo para mí y mi familia, eso sí, garantizando los votos. 

Quizás terminan concejales o concejalas, quien te dice hasta jefe o coordinar un programa municipal. O un contrato para pintar las veredas. 

Es quizás hoy normal lo clientelístico. Entiéndase por éste ,a la forma en que la autoridad se relaciona con los individuos y los colectivos a través de un intercambio de favores discrecionales.

Lopez Echague, periodista perseguido por el PJ Bonaerense, escribió lo siguiente “Hoy impera una sombría prudencia, fundada en un océano de mieditos fraguados, que conduce a la inercia y a la quietud, al silencio y al encierro, al aislamiento y al desdén (menosprecio). Prudencia triste, y, por sobre todas las cosas, imprudente. La existencia, es condenada a mascullar palabras insignificantes entre cuatro paredes. Miedito al vozarrón del dueño del miedo. Ese asunto de temerle a la palabra, al desacuerdo.

La prudencia, es decir, la templanza, la cautela, suele obrar a la manera de advertencia ante situaciones que, presuntamente, son dignas de temer. Desde el interior, la prudencia nos susurra al oído: “No, mejor permanecer quieto, no abrir la boca, detener la respiración, alejarse…”

En este sentido, para empezar a disipar los mieditos, los susurros, es  la participación que debe ser vista como una contribución a los procesos necesarios que nos lleve hacia una transformación de esta democracia frágil y defectuosa, buscando un nuevo impulso enfocado esencialmente hacia la calidad de la representación, en sistemas mayormente consolidados, a una política de transformación estructural y de búsqueda de consensos, y no de imposición  siempre vendrá de una elite. 

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