Editoriales

“Círculo de precariedad”

En Tierra del Fuego la desocupación es gravísima: 9 mil personas sobre 74 mil  no tienen trabajo. Dentro de las 64 mil ocupadas. Allí también hay trabajos precarios como los contratos de fábrica y los/as trabajadores informales que son alrededor de 5800 personas.

La Organización Internacional del Trabajo define trabajo indecente, partiendo de las condiciones precarias bajo las cuales las personas del sector informal desarrollan sus actividades: falta de cobertura médica, inestabilidad laboral, ingresos insuficientes, y falta de organización y representación de los trabajadores informales.

Algo que sucede en nuestro país y  en nuestra provincia, es que desde principios del 90 en adelante el Estado se volvió en un ente regulador de trabajo informal desprotegido. 

Su génesis está en la ley 24013 hecha a medida de la flexibilización laboral.

En ella se habla de generar entrenamiento laboral a los desocupados o trabajadores en negro, para incorporarlos a sectores productivos para aumentar productividades. Frase elemental del neoliberalismo.

Considerando el año 91 como el huevo de la serpiente, fue el periodo en el que nace la ley de Reforma del Estado y la ley de convertibilidad, engranajes de destrucción del sistema productivo estatal e industrial, para una transformación hacia una matriz agroexportadora, importadora y de prestación de servicios. 

Esta ecuación, brindó los peores años de desocupación y precariedad de toda la historia del país. 

Durante el menemismo y hasta el 2005 el índice de desocupación sobrepasaba las 2 cifras, y la pobreza e indigencia crecían, con un dolor enorme, al ritmo del neoliberalismo. Hoy no estamos lejos de esos números.

Ese derrotero humano que vivimos como argentinos se tapó con programas laborales o ayudas económicas.

En Tierra del Fuego se inició de la mano de Arturo Estabillo con los planes Programa de Entrenamiento Laboral de Temporada Invernal, entre otros. Estos Eran unos pesos para “capacitar” a personas que luego trabajarían en centros invernales. 

Fue así como luego de sucesivos decretos renovadores, el otro gobernador hijo putativo del menemato, Carlos Manfredotti, en el 2003 , unifica criterios de los planes de entrenamiento, creando el Programa de Entrenamiento Laboral, el famoso PEL.

Hasta hoy, año 2021, se sigue sosteniendo el PEL, y cuenta con 270 trabajadores y trabajadoras en condiciones de precariedad en toda la provincia, situación que a su vez los mantienen en un círculo de pobreza y exclusión que estas políticas no logran romper.

¿Qué diferencia podríamos establecer entre un trabajador/a del programa de entrenamiento laboral, y un trabajador/a informal de la obra o un comercio que no está registrado? 

Todos viven en permanente angustia laboral a la finalización de su empleo, ambos están fuera del sistema de cobertura provisional y de salud, ninguno de ellos puede gozar de derechos como vacaciones pagas o beneficios como las asignaciones familiares. 

Estos dos grupos de trabajadores se insertan en la producción social de forma muy precaria. Los primeros vía una política social como el programa de entrenamiento laboral, lo que los convierte en un sector regulado por el estado; los segundos vía los mecanismos de un sector dominado por la informalidad laboral.

En el 2004, Colazo y Cóccaro, incorporan en el presupuesto la creación de 4000 mil puestos de trabajo en el Estado para pasar a planta permanente a quienes estaban en el PEL, RedSol y diferentes modalidades de contratos. También punteros políticos. El famoso megapase. Un detalle no menor para tomar dimensión de lo que significo eso es que el 60% de los empleados estatales totales existente hasta el 2009, ingresó bajo megapase y provenía de algún plan.

Actualmente, hay personas que hace más de 15 años están cobrando el programa. La gran mayoría hace más de 2 años que cumple funciones en escuelas, hospital y otros organismos del estado realizando tareas que poco tienen que ver con un entrenamiento acorde y los obligan hacer cosas que nadie quiere realizar o realizan el mismo trabajo que su compañero/a que está en planta permanente. Y cobran 4 mil pesos. 

Personas que para llegar a la canasta básica fueguina deben tener más de un trabajo, también en la informalidad. Y aún así, no llegan a cubrir las necesidades.

Estos programas nacen con el fin de aguantar como colchón la caída del sistema de quienes están desocupados. Te entrenan para que el Estado arme la “bolsa de trabajo”. 

¿Estas personas deben ser incorporadas al Estado? Sí,  porque su relación viene desde hace tiempo, porque las labores la llevan en el estado sin ninguna otra modalidad contractual que el Programa (no son cooperativas o monotributistas), porque el Estado sigue creando modalidades precarizantes para relaciones laborales, como por ejemplo el Programa Cuidar, donde por 30 mil pesos se utiliza para pagar militantes con la promesa de incorporarlos al gobierno, al igual que todos los programas laborales. 

Y porque el Gobierno de la provincia a través del subsecretario de Asuntos Gremiales, cuando cita un representante, llama a Carlos Córdoba, Secretario General de la Asociación de trabajadores del Estado. 

Debemos decir que este dirigente solicitó que en lugar de que el PEL valga 4 mil pesos, pidió un esfuerzo más al gobierno, el cual lo hizo, y ahora se pagarán 8 mil pesos. Todo un acto reivindicativo del trabajo, el salario básico y salida de la informalidad. Naa, mentira. Más de lo mismo.

Otro argumento rotundo es la contratación de cooperativas para limpiar las escuelas o el hospital, que con ese gasto el gobierno, podría incorporar de inmediato con más horas y en mejores condiciones a los PEL, gente que ya la han entrenado bastante para hacer esas tareas.

Servicios pobres para la gente pobre, esto es simplemente un uso perverso de los planes. Dos veces precarizados: un trabajo no decente, un plan de salud ineficiente que cubre algunos remedios.

Como otros tantos programas de empleos, esto no es más que mano de obra barata para el empresariado que se llenó los bolsillos con estas ayudas enormes del Estado y también son mano de obra barata para el gobierno de turno. 

Hasta ahora siempre fueron paliativos desde el Estado, una pequeña piedra de caridad que trata de tapar un abismo enorme de la falta de una noción concreta de provincia, donde los políticos se han sentado muy cómodos sólo en gestionar la miseria. 

Estos programas en 30 años se han mostrado ineficientes, frustrantes, ante el objetivo que vienen planteando, es hora de terminar con ellos y generar trabajo genuino con derechos laborales que tanto ha costado arrancar al capitalismo.

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